LA ORQUESTA "SOL DE ORO" EN EL RECUERDO DE PILLITA

 por: William Tamayo Ángeles·

 

 

Integrantes de la orquesta Sol de Oro. Aparecen sentados, de izquierda a derecha, Alfredo Silva Vasquez, Zacarias Reyes, Jorge Rodriguez, Pedro Angeles "Pillita", Víctor Ramos, Pedro Rondón, César  Arellano, Eladio Rodríguez, Roberto León. En segunda fila, entre "Pillita" y "Ronco" Ramos, el director de la orquesta Sol de Oro: Antero Angeles. Año1961..

 

 

Hay personas que permanecen en todas las estaciones de nuestra memoria: son los inolvidables. Entre quienes conquistaron  ese destino a partir de su afabilidad cotidiana en las calles de Yungay, tenemos  presente a Pedro  Ángeles Osorio “Pillita”, maestro egresado de la Escuela Normal “Ignacio Amadeo Ramos Olivera” de Tingua, que encontró su verdadera vocación en la música, a través de la mandolina con la que formó parte de la  orquesta Sol de Oro desde los diecinueve años.

 

          Para la historia de Yungay contará siempre como un animador social, que perseveró en su manera de ser: alegre, ocurrente, fraterno, incapaz de perder la compostura aun en los momentos más  inesperados. Si acaso, en una fiesta, ya en sus desfallecientes horas se generaba una riña, lo más probable era -decían sus amigos, exagerando la mansedumbre de su bohemia- que continuara allí, callado, sin mover  un  músculo, plácidamente dormido, en estado de total indefensión,  hasta que lo despertaban y le  ponían en las manos otra vez la mandolina con la misión de rehacer la alegría.

 

         No haber viajado en su compañía a Llanganuco es algo que pesará a muchos. Quienes tuvieron esa suerte, lo  recuerdan atento, sin bajar la guardia, a la hora de organizar el viaje, pescar truchas, hacer  música, preparar y servir el “chinguirito”, ese ponche con aguardiente de caña, jugo de naranja y canela, que se servía muy caliente para evitar que se congelara en ese paraje cordillerano, pero que  a veces no había más remedio que beber del propio pico de la tetera.

 

          Pero claro, no todo fue tan fácil y divertido como asistir a las fiestas, conciertos y giras con la orquesta Sol de Oro. Pillita se ganaba la vida como profesor, generalmente en los lugares más apartados. A esas estancias que sólo alcanza la soledad, llegaba al empezar la semana, con la sonrisa gatuna de siempre y ganas de enseñar, aunque fuera con el alma en vilo y quién sabe si hasta con una ‘perseguidora’ imbatible.

 

          Respecto de la orquesta Sol de Oro, de la que es afortunado sobreviviente lo mismo que Alfredo “Tamalito” Silva, es justo decir que tiene asegurado un sitial de honor en la historia de la música del departamento de Áncash y que es fuente inagotable de orgullo yungaíno.

 

     Pillita rememora, como si fuera ayer, la cita artística a la que acudió por treinta años con sus entrañables amigos  y compinches: Víctor Cordero (primer director), Amadeo Molina, Ántero Ángeles, Alfredo Silva, Zacarías Reyes,  Jorge Rodríguez, Víctor Ramos, Pedro  Rondón, César  Arellano, Eladio Rodríguez, Roberto León, Javier “Shipi” Osorio. 

 

Este virtuoso mandolinista, que se enternece con la bondad de sus recuerdos -fui feliz en Yungay, dice emocionado-, nos cuenta que la Sol de Oro se fundó el año 30 en casa de Tobías Ramírez - maestro carpintero en el día e inspector silencioso de calles vacías por las noches- en tiempos  de gran presencia cultural de la Asociación de Obreros y Auxilios Mutuos.

 

Los integrantes de la orquesta Sol de Oro llegaron a Lima en 1961 y 1965, invitados por Radio Nacional. Fue por entonces cuando, aparte de dar a conocer sus virtudes musicales con las mejores composiciones del Callejón de Huaylas, grabaron -en 3  discos de larga duración- las  inconfundibles melodías con las que hoy la identificamos, legado artístico que se debería  reunir y reproducir para que el gozo de escucharlos nos siga acompañando.

 

Del amplio repertorio de sus interpretaciones, recordamos, entre otras piezas inolvidables,  ‘Sin ti mi vida es nada’, inspirado  vals de Ántero Ángeles; ‘El paria’, premonitorio triste  convertido ahora en himno de los yungaínos condenados a caminar  incansablemente lejos  de su tierra, compuesto por el gran violinista Amadeo Molina, autor igualmente de la polka  ‘Llegó Rafael’, el vals "Serenata de amor" y del huayno 'Ave sin nido'; el pasodobleEl buen colegial”, el vals "Perdoname madresita" y la marinera  'Linda Mancosina'  del maestro Víctor Cordero Gonzales; los valses “Esperanza” de Román Milla Ulloa y "Yungay" de Guillermo Lucar Pacheco.

 

La brillante trayectoria de estos músicos, que disfrutamos comprometiendo nuestra gratitud en  diversos ámbitos y circunstancias, se apagó con la dramática desaparición de casi todos  ellos la tarde del 31 de mayo de 1970. Pero su ausencia no ha menguado nuestra admirativa  evocación. Por ello fuimos a recoger el testimonio de Pillita, que tras la reciente pérdida de su querida esposa, Elsa Gonzales Arias, vive acompañado de sus hijos y nietos, en un obligado retiro. No más fiestas ni bohemia, no más música, salvo aquella que le brota del alma y le arranca lágrimas cuando vuelve a las citas del recuerdo con la inolvidable orquesta Sol de Oro de Yungay.

              *  witsax@ec-red.com

 

 (Si deseas escuchar el huayno  "Ave Sin Nido", por favor, conectar el audio y haz click aqui)